Tras la victoria de España en el Mundial, millones de personas sintieron que también habían ganado

La reciente victoria de España en el Mundial dejó imágenes que seguramente permanecerán durante mucho tiempo en nuestra memoria colectiva. Miles de personas llenaron plazas y calles para celebrar el triunfo, se abrazaron con desconocidos, lloraron de emoción, cantaron el himno y compartieron una alegría difícil de describir con palabras. Incluso muchas personas que apenas siguen el fútbol confesaban sentirse emocionadas o orgullosas del resultado.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que un acontecimiento deportivo llegue a despertar emociones tan intensas en millones de personas al mismo tiempo? ¿Por qué sentimos que una victoria conseguida por un grupo de deportistas también es, en cierto modo, nuestra?

La psicología de masas y la psicología social llevan décadas estudiando este tipo de fenómenos. Lejos de tratarse de una reacción irracional o extraña, existen mecanismos psicológicos perfectamente conocidos que explican por qué experimentamos un fuerte sentimiento de pertenencia, cómo se contagian las emociones entre las personas y por qué determinados acontecimientos deportivos consiguen unir durante unas horas a individuos con edades, profesiones e ideologías muy diferentes.

En este artículo descubrirás qué ocurre en nuestro cerebro y en nuestra mente cuando celebramos una victoria colectiva como la conseguida por España en el Mundial y qué nos enseña este fenómeno sobre la naturaleza humana.

¿Qué es la psicología de masas?

Cuando hablamos de psicología de masas nos referimos al estudio de cómo cambian nuestros pensamientos, emociones y comportamientos cuando formamos parte de un grupo numeroso.

Aunque solemos pensar que siempre actuamos de manera totalmente individual, la realidad es que somos seres profundamente sociales. Desde nuestros primeros años de vida necesitamos pertenecer a grupos que nos proporcionen seguridad, identidad y apoyo.

Nuestra familia, nuestro barrio, nuestro equipo deportivo, nuestra ciudad o nuestro país forman parte de quiénes somos. Cuando alguno de esos grupos consigue un logro importante, nuestro cerebro puede interpretarlo como un éxito compartido.

En realidad, cuando España gana un Mundial no solo celebramos un resultado deportivo. Celebramos aquello que representa. Celebramos una identidad común. Celebramos sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos.

Este sentimiento explica por qué incluso personas que apenas ven fútbol experimentan emociones intensas durante acontecimientos deportivos internacionales.

La identidad social: por qué sentimos que «hemos ganado»

Uno de los modelos psicológicos que mejor explica este fenómeno es la Teoría de la Identidad Social, desarrollada por los psicólogos Henri Tajfel y John Turner.

Según esta teoría, una parte importante de nuestra autoestima procede de los grupos a los que pertenecemos. No solo pensamos en términos de «yo». También pensamos en términos de «nosotros».

Por eso hablamos de:

  • «Hemos ganado.»
  • «Nos han eliminado.»
  • «Somos campeones.»

Aunque ninguno de nosotros haya jugado un solo minuto, nuestro cerebro incorpora ese grupo como parte de nuestra identidad. Cuanto mayor sea la identificación con ese grupo, mayor será también la intensidad emocional con la que viviremos tanto las victorias como las derrotas.

Es exactamente el mismo mecanismo que explica por qué sentimos orgullo cuando un familiar consigue un éxito importante o cuando alguien de nuestra ciudad alcanza un logro extraordinario. Nuestro cerebro amplía los límites del «yo» para incluir a las personas con las que compartimos una identidad.

El orgullo colectivo mejora la autoestima

Aficionados españoles celebrando una victoria — ejemplo de orgullo colectivo e identidad nacional en psicología de masas
Aficionados españoles celebrando una victoria colectiva. El fenómeno BIRGing explica cómo el éxito del equipo se convierte en logro propio. Foto: abdallahh (CC BY)

Diversos estudios han demostrado que las victorias deportivas nacionales producen un aumento temporal del bienestar psicológico y de la autoestima colectiva, según documentaron Cialdini y colaboradores (1976) bajo el concepto de Basking in Reflected Glory (BIRGing). Cuando nuestro grupo obtiene reconocimiento, experimentamos una sensación de orgullo que fortalece nuestra percepción de pertenencia.

No es casualidad que durante estos acontecimientos aumenten frases como:

  • «Este equipo nos representa.»
  • «Hoy hemos hecho historia.»

Desde la psicología sabemos que estas expresiones no son únicamente una forma de hablar. Reflejan un proceso psicológico muy profundo relacionado con la identidad social.

El contagio emocional: por qué acabamos sintiendo lo mismo que los demás

Otro de los grandes protagonistas durante un Mundial es el contagio emocional. Las emociones son extraordinariamente contagiosas. Cuando observamos a otras personas riendo, cantando, saltando o llorando de felicidad, nuestro cerebro comienza a sincronizarse con ellas.

Esta sincronización ocurre mediante múltiples mecanismos psicológicos:

  • Imitación automática de expresiones faciales.
  • Sincronización del lenguaje corporal.
  • Compartir el mismo foco de atención.
  • Activación fisiológica semejante.
  • Influencia del contexto social.

Por eso resulta mucho más emocionante ver una final rodeado de otras personas que hacerlo completamente solo. Las emociones compartidas se amplifican. Cada persona alimenta emocionalmente al grupo. Y el grupo, a su vez, intensifica la emoción individual.

Es un círculo que explica perfectamente por qué una plaza llena de aficionados puede vivir una euforia incomparable a la que sentiríamos viendo el partido desde casa.

¿Por qué abrazamos a desconocidos?

Quizá una de las imágenes más llamativas tras la victoria de España en el Mundial ha sido ver a personas abrazando a completos desconocidos. En cualquier otro contexto probablemente no ocurriría. Sin embargo, durante unos minutos desaparecen muchas de las barreras sociales habituales.

La explicación vuelve a encontrarse en el sentimiento de identidad compartida. Cuando percibimos que otra persona pertenece al mismo grupo que nosotros —en este caso, aficionados celebrando una victoria común— nuestro cerebro reduce automáticamente la distancia psicológica entre ambos.

Durante esos instantes dejamos de ver únicamente a un desconocido. Vemos a alguien que comparte nuestra emoción. Alguien que está viviendo exactamente lo mismo que nosotros.

Ese sentimiento favorece conductas prosociales como abrazar, sonreír, cantar juntos, ayudarse mutuamente e iniciar conversaciones espontáneas. Es un recordatorio de hasta qué punto los seres humanos necesitamos conectar con los demás.

Las celebraciones colectivas liberan dopamina y oxitocina

Ilustración de un cerebro humano representando la liberación de dopamina y oxitocina durante celebraciones colectivas
El cerebro libera dopamina y oxitocina durante las celebraciones colectivas, intensificando la sensación de bienestar y conexión social.

Las emociones que sentimos durante una celebración no son únicamente psicológicas. También existe una importante respuesta biológica. Durante experiencias positivas compartidas aumenta la liberación de neurotransmisores y hormonas relacionados con el bienestar:

Dopamina

Relacionada con la recompensa, la motivación y el placer.

Oxitocina

Conocida como la hormona del vínculo social. Favorece la confianza, la cercanía emocional y la cooperación.

Endorfinas

Contribuyen a generar sensaciones de bienestar y disminuyen la percepción del dolor.

Esta combinación ayuda a explicar por qué muchas personas describen estos momentos como «inolvidables» o «mágicos». Nuestro cerebro literalmente registra estas experiencias como acontecimientos altamente significativos.

¿Por qué personas que nunca ven fútbol también celebran el Mundial?

Una de las preguntas más curiosas que suelen surgir tras una victoria deportiva importante es la siguiente: ¿cómo es posible que personas que apenas siguen el fútbol también salgan a celebrarlo?

La respuesta vuelve a encontrarse en nuestra necesidad de pertenecer a un grupo. Aunque no conozcamos la alineación de la selección ni hayamos visto todos los partidos del campeonato, sí compartimos una identidad común con millones de personas. En este caso, la identidad nacional actúa como un vínculo psicológico suficientemente fuerte para despertar emociones colectivas.

Los grandes acontecimientos deportivos funcionan como un punto de encuentro social. Durante unos días, muchas diferencias pasan a un segundo plano: edad, profesión, ideología o nivel socioeconómico. Lo que predomina es la sensación de formar parte de una historia compartida.

En psicología sabemos que el sentimiento de pertenencia es una necesidad humana fundamental. Cuando sentimos que compartimos un objetivo o una emoción con otras personas, aumenta nuestra percepción de conexión social y disminuye, al menos temporalmente, la sensación de aislamiento.

El efecto BIRG: cuando el éxito de otros también nos hace sentir mejor

Existe un fenómeno muy conocido en psicología social llamado Basking in Reflected Glory (BIRG), que podría traducirse como «disfrutar del éxito reflejado». Este concepto describe nuestra tendencia a asociarnos con personas o grupos que han tenido éxito para mejorar nuestra propia autoestima.

Seguro que alguna vez has escuchado frases como:

  • «Hemos ganado el Mundial.»
  • «Somos campeones.»
  • «Nuestro equipo ha hecho historia.»

Aunque racionalmente sabemos que no hemos participado en el partido, emocionalmente sentimos que ese logro también nos pertenece.

Diversas investigaciones han demostrado que, tras una victoria importante, las personas utilizan con más frecuencia pronombres como «nosotros» o «hemos», mientras que después de una derrota es más habitual escuchar expresiones como «han jugado mal» o «ellos han perdido». Este cambio en el lenguaje refleja un mecanismo psicológico muy interesante: tendemos a acercarnos emocionalmente al grupo cuando el resultado es positivo y a distanciarnos cuando es negativo.

¿Por qué lloramos de emoción?

Muchas personas se sorprenden al descubrir que han llorado viendo cómo su selección levantaba el trofeo. Sin embargo, el llanto no siempre aparece por tristeza. También puede surgir cuando experimentamos emociones positivas extremadamente intensas.

Desde la psicología entendemos el llanto como una forma de regular la activación emocional. Cuando sentimos una alegría muy intensa, nuestro sistema nervioso necesita encontrar una manera de liberar parte de esa tensión acumulada.

Por eso lloramos cuando nace un hijo, al reencontrarnos con alguien querido, durante una boda, después de superar una enfermedad, o cuando vivimos una victoria colectiva que sentimos como propia. Las lágrimas no indican debilidad. En muchas ocasiones reflejan exactamente lo contrario: que estamos viviendo un momento profundamente significativo.

El poder de los símbolos: mucho más que un partido de fútbol

Cuando celebramos un Mundial no solo celebramos un resultado deportivo. Celebramos todo aquello que ese acontecimiento simboliza. La bandera, el himno, la camiseta de la selección o la copa del mundo son mucho más que simples objetos. En psicología social hablamos de símbolos compartidos, elementos que representan una identidad común y que facilitan la cohesión del grupo.

Estos símbolos tienen la capacidad de despertar emociones muy intensas porque condensan experiencias, recuerdos y valores compartidos. El cerebro no responde únicamente al objeto físico. Responde al significado que ese objeto tiene para la persona y para el grupo.

Cuando la psicología de masas tiene un lado menos positivo

Aunque la mayoría de las celebraciones deportivas son experiencias enriquecedoras, la psicología de masas también nos recuerda que las emociones colectivas pueden tener consecuencias negativas si no se regulan adecuadamente.

Cuando una multitud experimenta una activación emocional muy elevada, algunas personas pueden sentirse más impulsivas y menos conscientes de las consecuencias de sus actos. Esto puede favorecer comportamientos como:

  • Actos vandálicos.
  • Peleas entre aficionados.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Conductas de riesgo.

Es importante señalar que estos comportamientos no aparecen porque «la masa vuelva irracionales a las personas», como sostenían algunas teorías antiguas. La investigación actual muestra que influyen muchos factores: las normas del grupo, el contexto, la presencia de alcohol, la percepción de anonimato o la existencia de líderes que fomenten conductas violentas. Por eso la inmensa mayoría de las celebraciones transcurren con normalidad.

El deporte como herramienta para fortalecer la cohesión social

A pesar de estos riesgos, numerosos estudios muestran que los grandes eventos deportivos también generan importantes beneficios sociales. Durante unos días aumenta la sensación de unión entre personas que, en circunstancias normales, probablemente nunca interactuarían.

Las celebraciones favorecen el sentimiento de comunidad, la cooperación, las conductas de ayuda, la conversación entre desconocidos y la creación de recuerdos compartidos. En una sociedad cada vez más individualista y digitalizada, estos momentos de conexión colectiva tienen un importante valor psicológico.

¿Qué nos enseña el Mundial sobre la naturaleza humana?

Más allá del deporte, las celebraciones del Mundial nos ofrecen una oportunidad única para comprender mejor cómo funcionamos como seres humanos. La psicología demuestra que buena parte de nuestras experiencias emocionales están profundamente influenciadas por las personas que nos rodean.

Necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo. Necesitamos compartir experiencias. Necesitamos celebrar los éxitos con otras personas.

Cuando España gana un Mundial, millones de personas experimentan una emoción que trasciende el propio fútbol. Durante unas horas, la sensación de pertenencia se hace especialmente intensa y aparecen conductas poco habituales en la vida cotidiana: hablamos con desconocidos, cantamos juntos, nos abrazamos e incluso lloramos.

Comprender este fenómeno también puede ayudarnos a entender por qué nos afectan tanto otros acontecimientos colectivos, como conciertos, manifestaciones, fiestas populares o incluso sucesos trágicos que conmueven a toda una sociedad.

¿Por qué estos momentos permanecen durante años en nuestra memoria?

Si preguntas a alguien dónde estaba cuando España ganó un Mundial o una Eurocopa, es probable que recuerde con bastante precisión el lugar, las personas con las que estaba o incluso pequeños detalles de aquella noche.

Esto sucede porque las emociones intensas facilitan la consolidación de los recuerdos. Cuando vivimos una experiencia que genera una elevada activación emocional, nuestro cerebro considera que esa información puede ser importante para el futuro y la almacena con mayor intensidad.

En realidad, no recordamos únicamente el resultado deportivo. Recordamos cómo nos hizo sentir. Y las emociones son uno de los mejores «pegamentos» para la memoria, algo que también explica el efecto de primacía y recencia en psicología.

¿Puede la psicología ayudarnos a entender mejor nuestras emociones?

Sin duda. La psicología no solo estudia los problemas emocionales o los trastornos mentales. También trata de comprender por qué sentimos alegría, orgullo, ilusión o esperanza en determinadas situaciones.

Entender cómo funcionan nuestras emociones nos permite conocernos mejor, mejorar nuestras relaciones personales, desarrollar una mayor inteligencia emocional, comprender el comportamiento de los demás y gestionar con mayor equilibrio tanto los éxitos como las frustraciones.

El fútbol como espejo de nuestra humanidad

Cuando España gana un Mundial, no solo celebramos un trofeo. Celebramos una identidad compartida, una historia común y la posibilidad de sentirnos unidos durante unas horas.

Llorar, gritar, cantar o abrazar a desconocidos no son comportamientos extraños ni irracionales. Son la expresión de procesos psicológicos ampliamente estudiados, como la identidad social, el contagio emocional, el sentimiento de pertenencia y la cohesión grupal.

Estos fenómenos nos recuerdan que los seres humanos somos profundamente sociales. Gran parte de nuestras emociones nacen de los vínculos que establecemos con otras personas y de los grupos con los que nos identificamos.

En nuestra consulta de psicologia creemos que comprender nuestras emociones es el primer paso para aprender a gestionarlas. Si deseas profundizar en aspectos relacionados con la regulación emocional, la ansiedad, la autoestima o el bienestar psicológico, acudir a un profesional puede ayudarte a desarrollar herramientas adaptadas a tus necesidades. Si quieres saber cuándo puede ser el momento, te explicamos cuándo ir al psicólogo.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué lloramos cuando gana nuestra selección?

Porque las emociones positivas muy intensas también pueden provocar llanto. La alegría, el orgullo y el sentimiento de pertenencia activan procesos fisiológicos que ayudan a regular esa elevada carga emocional.

¿Por qué abrazamos a personas que no conocemos durante una celebración?

Las celebraciones deportivas generan una fuerte identidad compartida. Durante esos momentos percibimos a otros aficionados como miembros del mismo grupo, lo que favorece conductas de cercanía, cooperación y afecto.

¿Qué es la psicología de masas?

La psicología de masas estudia cómo cambian nuestras emociones, pensamientos y comportamientos cuando formamos parte de un grupo numeroso o vivimos experiencias colectivas.

¿Por qué sentimos que «hemos ganado» si no hemos jugado?

Porque una parte de nuestra identidad está formada por los grupos a los que pertenecemos. Cuando ese grupo tiene éxito, nuestro cerebro puede interpretar ese logro como propio.

¿Las emociones colectivas son siempre positivas?

No necesariamente. Aunque suelen favorecer la cohesión social y el bienestar, en determinadas circunstancias también pueden facilitar conductas impulsivas, especialmente cuando existen factores como el consumo de alcohol, la presión grupal o un clima de elevada tensión.

¿Qué nos enseña el Mundial sobre la psicología humana?

Nos muestra que las personas necesitamos sentirnos parte de un grupo, compartir emociones y construir vínculos sociales. Estos procesos forman parte del funcionamiento normal de nuestra mente y desempeñan un papel importante en nuestro bienestar psicológico.

Referencias

  • American Psychological Association. The psychology of sports fans. https://www.apa.org
  • Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An Integrative Theory of Intergroup Conflict.
  • Cialdini, R. B., et al. (1976). Basking in Reflected Glory: Three (Football) Field Studies. Journal of Personality and Social Psychology.
  • British Psychological Society. https://www.bps.org.uk

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